RESILENCIA

1936 Palabras

—No puedo creer que esa Yuri sea la mía. Mi Yuri no dudaría en dejar a ese narco para venir a buscarme. —Por supuesto, Mike, ¿si tú lo dices? Eso me recuerda la historia de los tres ciegos que estaban perdidos por el desierto. Contaron con la buena suerte de encontrarse con un camello; uno le asio el cuello y dijo: «es una jirafa», el segundo le cogió una pata contradiciéndolo: «no, es una cebra» y el tercero le palpó la cola diciendo: «están equivocados, es un cerdo gigante». Pudieron haber perdido el tiempo discutiendo sobre la naturaleza del ser; por fortuna optaron por declarar que era algo en lo que podían montar; lo hicieron y quizás salieron de ese desierto. —Espera, ¿quizás? Eso no es un final y menos para tres ciegos; es muy cruel, insinúas: ¿qué se los comió una momia? —No, la

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