El príncipe Felipe estaba ante Isabel de Qent con el corazón en la mano pidiéndole perdón por su acto insensible y cobarde que le había roto el corazón a su amada Isabel. Al escucharlo Isabel arrepentido de lo que había hecho empezó a llorar y al verle Felipe camino hasta donde estaba Isabel y tomando su rostro en sus manos bebía sus lágrimas. ¡Perdóname mi amor, perdóneme! Abrazandola el príncipe Felipe e Isabel lloraron. Después de calmarse un poco Felipe besó a Isabel. Ninguno se percató de la presencia del marqués en la puerta de la habitación de su hija Isabel y muy molesto con el príncipe Felipe creyendo que se había comprometido con la princesa Ana como se rumoreaba en el Palacio Real, el marqués de Qent preguntó indignado: ¿Pueden explicarme esto? Los dos muchachos saltaron

