Estaba paralizada ante lo que acababa de escuchar; miraba al pequeño quien me miraba con curiosidad toda la escena sin imaginar la gran tensión que se vivía en esta oficina. —Lo siento, creo que llegue en mal momento. —Chiara aguarda —Me toma del brazo —. No te vayas, necesitamos hablar. —No puedes ponerla por encima de mi y tú hijo Adams —Espeta la mujer —. Tenemos que hablar de nuestro hijo. —¡Lidia Basta! —Espeta serio haciendo que por primera vez retumbe su grito autoritario en toda la oficina. El pequeño rompe en llanto en las piernas de su madre quien ni siquiera se inmuta en verlo, si no que se enfrasca en reclamos con Adams. Tomo al pequeño en mis brazos y salgo de la oficina sentándolo sobre el escritorio de Eva quién mira al pequeño con asombro. —¿Escuchaste todo? —A

