—¡Un hombre casado! Vincent Laurent y Rachel Lewis ni siquiera habían reparado en la presencia de Ariana Valmont hasta que Damian Blackwood lo dijo, a pesar de que ella había estado a su lado todo el tiempo. Ariana llevaba un vestido color cian y no tenía maquillaje, pues acababa de salir de la ducha. Su cabello húmedo caía sobre sus hombros, dándole un aire fresco y cautivador. Sin embargo, tanto Vincent como Rachel se quedaron sorprendidos al ver su rostro. Les recordó a la mujer que se había suicidado dieciséis años atrás… y a aquella niña llena de rabia que había jurado matar a su propio padre. Ariana se parecía mucho a esa mujer, especialmente en los ojos: claros, brillantes e imposibles de ignorar. Rachel forzó una sonrisa y preguntó: —¿Es usted la señora Blackwood? —Sí, lo es

