Ariana se puso de pie y se arregló la ropa. Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa.
—No te preocupes. Tu familia trabajó duro para llegar a donde está hoy. No tomaré ni un solo ladrillo. Pero será mejor que recuerdes lo que dijiste. Cada uno hará su vida. Tú puedes cuidar de tu hermosa mujer y yo puedo buscar a mi propio hombre. No hablaremos de las virtudes del matrimonio. Tal vez puedas hacerme sufrir un destino peor que la muerte, pero yo también puedo convertir tu vida en un infierno.
Tomó el sobre rojo de gran tamaño que le había dado el señor Blackwood y se lo entregó a Damian.
—Si no me equivoco, esto debería pertenecerte. Te lo devuelvo.
Damian tomó el sobre y lo arrojó sobre la mesa.
—Si te lo dio mi padre, es tuyo.
Sabía lo que había dentro. Por eso estaba tan molesto.
Su madre había sacrificado tanto por su padre, pero al final, él seguía aferrado a su amor de la infancia.
Haber entregado tanto, incluso el futuro y la felicidad de su propio hijo, por la nieta de esa mujer… Esa era la razón por la que no había aparecido en los últimos días. Estaba tan furioso que había querido avergonzar a Ariana, pero no esperaba que ella reaccionara con tanta indiferencia.
Si a ella no le importaba en absoluto, entonces debía de haber algo más detrás de su actitud, alguna razón para soportar tal humillación.
Era conocido como el diablo del mundo empresarial. Todos lo sabían. Tenía tiempo de sobra para jugar con ella.
Después de que Damian salió de la habitación, Ariana cerró la puerta. Se dio una ducha y luego abrió el sobre rojo.
Dentro había una tarjeta negra, las escrituras de tres propiedades y una carta de transferencia de acciones.
A Ariana no le sorprendieron ni el dinero ni las propiedades, pero el señor Blackwood también le había dado el cinco por ciento de las acciones de Empire Enterprise. Eso significaba que no tenía que hacer nada y aun así recibiría millones en dividendos cada año.
Sabía cómo era el temperamento del señor Blackwood. Si intentaba devolverlo, no solo no funcionaría, sino que además lo enfurecería.
Después de pensarlo un poco, abandonó la idea. Volvió a guardar todo en el sobre y lo dejó en un cajón dentro del armario. Se ocuparía de ello cuando surgiera la oportunidad.
Durante los siguientes tres días, Ariana vio poco a Damian. Eso le venía muy bien. Dormía bien, comía bien y recuperaba energías.
Hoy se despertó temprano porque tenía que ir a clase.
Se aseó y se puso la ropa adecuada.
Llevaba un top corto de punto rojo, jeans azules de pierna ancha, zapatillas blancas y su largo cabello suelto por la espalda, con una gorra de béisbol gris en la cabeza. Se veía fresca y llena de vida.
Sentado a la mesa del comedor, los ojos de Damian se iluminaron al verla vestida así.
Le preguntó, casi sin darse cuenta:
—Te levantaste temprano. ¿Vas a salir?
Parecía que Ariana no se había dado cuenta de que era una recién casada. No se levantaba antes de las diez y él nunca la había visto desayunar.
Lo de hoy era algo poco habitual.
Ariana removió su papilla y asintió.
—Sí, hoy tengo clases.
Damian pareció sorprendido. Casi había olvidado que su esposa aún era estudiante. Le quedaba un año para terminar la escuela de posgrado.
Siguieron diez minutos de silencio…
Ariana se echó la mochila al hombro y salió, solo para descubrir que estaba lloviznando. Era un vecindario exclusivo y no había transporte público. Sin querer pedirle a un chofer que la llevara al campus y llamar la atención, abrió su paraguas y caminó hasta la parada de autobús más cercana, a casi una milla de distancia.
Después de esperar un buen rato, el autobús aún no llegaba.
Mientras esperaba, vio un automóvil familiar con la matrícula XX666. Era un Rolls-Royce Phantom n***o: el coche de Damian Blackwood.
Al principio, pensó que, aunque ella y Damian no eran cercanos, ya habían hablado un par de veces y él tendría la cortesía de llevarla. Sin embargo, para su sorpresa, el elegante automóvil pasó de largo sin detenerse. De hecho, de no haber reaccionado a tiempo, la habría salpicado con agua y barro.
Ariana tomó una decisión importante y dejó escapar un largo suspiro.
Sacó su teléfono del bolsillo y marcó un número.
—Cómprame un coche y entrégalo en el campus esta tarde.
—Señora, ¿qué tipo de auto le gustaría? ¿Maybach, Phantom, Bugatti o Cullinan?
—Ninguno de esos. Solo compra un Mini.
—… Sí, como desee.
Ella ya era lo suficientemente conocida. No necesitaba llamar más la atención.
Gracias al auge de las r************* , todos los compañeros de Ariana ya sabían que se había casado con una familia adinerada y que había sido abandonada en el altar.
Tan pronto como entró al salón de clases, sintió innumerables miradas burlonas recorriéndola de arriba abajo.
Era considerada una de las chicas más hermosas del campus. En el pasado, tenía decenas de pretendientes y todas las chicas sentían celos de ella.
Ahora, no podían esperar para reírse en su cara.
Pero a ella no le importaba. Se iría en cuanto terminara la clase. No tenía sentido relacionarse con esa gente.
Se dirigió directamente al asiento vacío junto a su mejor amiga, Elena Young.
Elena la observó fijamente durante un buen rato antes de finalmente preguntar:
—Cariño, ¿estás bien?
Ariana hojeó su libro y respondió:
—¿Parezco alguien que no lo está?
—Me refiero a… ¿tu nuevo esposo está bien?
Su querida Ariana siempre había sido sobresaliente tanto en lo intelectual como en lo físico. No aceptaba desventajas ni se dejaba engañar. ¿Cómo podía soportar una situación tan evidente?
Ariana la miró con calma.
—Lo que le pase no tiene nada que ver conmigo. Llegamos a un acuerdo y no interferiremos en la vida del otro.
—¿En serio? —Elena no parecía convencida.
—Por supuesto.
Elena aún dudaba.
—Entonces esta noche te llevaré a conocer a un chico guapo. ¿Vienes?
Ariana negó con la cabeza.
—No, no me interesan los hombres. Pero no me molestaría tomar unas copas.
—Perfecto, celebraremos esta nueva etapa de tu vida. Invito yo esta noche. ¡Vamos a Muse!
Muse era el club más grande de Haverton. Integraba restaurante, salones privados y bar, todo en un solo lugar.
Si fueras rico, podrías gastar cientos de miles de dólares en una sola noche.
El padre de Elena era dueño de una fábrica de cuero. No eran extremadamente ricos, pero vivían con comodidad y ella podía permitirse invitar a su mejor amiga a salir por la noche.
Cuando terminó la clase esa tarde, salieron juntas por la puerta, donde Ariana vio su nuevo Mini verde militar.
Mostró su identificación al guardia en la entrada y recogió las llaves que le había dejado el asistente.
—Vamos —le dijo a Elena—, demos una vuelta.
Elena rodeó el Mini Convertible con una expresión de incredulidad.
—Los Blackwood son asquerosamente ricos y ¿esto es lo que te compraron?
—No digas tonterías. Damian Blackwood y yo tenemos un acuerdo. ¿Por qué querría algo de ellos? Esto lo compré yo. Vamos, comamos algo antes de ir a Muse.
—¡Claro!
Elena subió al coche, emocionada. Aunque no conocía la verdadera identidad de Ariana —antes Aria Hale—, sabía que su mejor amiga siempre encontraba la forma de ganar dinero por su cuenta. No le sorprendía que pudiera comprarse su propio auto.
Cuando terminaron de comer, ya eran las ocho de la noche, así que se dirigieron directamente a Muse.
En cuanto Elena entró, gritó de emoción, moviendo la cabeza al ritmo de la música estridente, y pidió dos botellas de vino.
—¡Salud, cariño!
—¡Salud!
Ariana no era de las que se intimidaban fácilmente. No era solo una cara bonita; inclinó la cabeza hacia atrás y bebió como toda una profesional.
Después de tres copas de vino, Elena arrastró a Ariana a la pista de baile. A Ariana no le gustaba bailar en ese tipo de lugares, pero aun así la siguió para cuidarla.
Mientras que el atuendo de Ariana era relativamente conservador, Elena se quitó la chaqueta y dejó al descubierto una camiseta de tirantes que mostraba su abdomen.
Las dos jóvenes, hermosas y llamativas, no tardaron en atraer muchas miradas.