Capítulo 4

1362 Palabras
Ariana Valmont ignoró por completo todos aquellos artículos y rumores. Mientras la alta sociedad discutía su escándalo en cada mesa de té y en cada reunión privada, ella simplemente se encerró en la habitación que el ama de llaves había preparado para ella en la mansión Blackwood… y durmió plácidamente durante tres días seguidos. Parecía que nada en el mundo podía perturbar su tranquilidad. De no ser porque aquella noche se celebraba el banquete por el setenta cumpleaños del señor Blackwood, probablemente ni siquiera habría salido de la casa. Le costó bastante levantarse de la cama. Después de todo, el sueño era demasiado cómodo y la idea de enfrentarse a una sala llena de miradas curiosas no era particularmente atractiva. Aun así, finalmente se obligó a levantarse. Primero tomó una larga ducha caliente que despejó su mente. Luego eligió un vestido elegante, sencillo pero refinado, que resaltaba su figura esbelta y su porte natural. Con paciencia, arregló su cabello y aplicó un maquillaje ligero que acentuaba su belleza sin exagerar. Cuando terminó, el reflejo en el espejo mostraba a una mujer tranquila, serena… y absolutamente imperturbable. Una hora después, el conductor de la familia Blackwood la llevó hasta el hotel de siete estrellas donde se celebraba el banquete. El edificio era una obra maestra de lujo y opulencia. Las luces brillaban como estrellas, y una larga alfombra roja se extendía desde la entrada hasta el vestíbulo principal. La mayoría de los invitados ya habían llegado. Empresarios influyentes, herederos de familias poderosas, celebridades del mundo financiero… todos se habían reunido allí para felicitar al patriarca de la familia Blackwood. En las manos de Ariana había una larga caja de brocado finamente bordada. Dentro se encontraba un regalo cuidadosamente elegido: una colección de pinturas de un famoso artista internacional, una pieza extremadamente valiosa. Pero cuando Ariana cruzó la entrada del salón… El ambiente cambió de inmediato. Las conversaciones se detuvieron por un instante. Luego comenzaron los susurros. En cuestión de segundos, se convirtió en el centro de atención de todo el salón. Las miradas se clavaron en ella desde todas las direcciones. Algunas eran abiertamente burlonas. Otras estaban llenas de desprecio. Algunas incluso parecían maldecirla en silencio. Y, de vez en cuando, también aparecía alguna mirada compasiva. Pero Ariana fingió no escuchar nada. Ni un solo comentario logró alterar su expresión. Enderezó la espalda con elegancia, levantó ligeramente la barbilla y caminó con pasos tranquilos hacia la mesa principal, donde se encontraba sentado el anfitrión de la noche. El señor Blackwood. Al llegar frente a él, Ariana inclinó ligeramente la cabeza y le ofreció el regalo con una sonrisa suave. —Padre, le deseo buena salud y una larga vida. El señor Blackwood tomó la caja con una expresión satisfecha. —Sí, gracias, Ariana —respondió con una sonrisa amable—. Ve y toma asiento. El patriarca Blackwood era un hombre de la vieja escuela. Siempre vestía trajes impecables, hablaba con autoridad y mantenía una presencia digna que hacía que muchas personas se sintieran intimidadas. Incluso sus propios hijos y nietos lo describían como alguien difícil de tratar. Sin embargo, en ese momento estaba hablando con Ariana con evidente amabilidad, e incluso una leve sonrisa adornaba su rostro. Aquella escena no pasó desapercibida. Al contrario, provocó una ola silenciosa de celos entre los miembros de la familia Blackwood. Especialmente en la señora Blackwood, quien observaba la escena con el ceño fruncido antes de resoplar con evidente desdén. En ese momento, una voz aguda rompió el ambiente. —¡Oh! Ariana… ¿por qué viniste sola? La mujer que había hablado era Yvonne Collins, la esposa del tercer hijo de la familia Blackwood. Su sonrisa parecía amable a primera vista, pero sus ojos revelaban claramente el desprecio que sentía. —¿Dónde está Damian? En el instante en que hizo la pregunta… Todo el grupo de invitados sentado cerca se quedó en silencio. Era obvio que todos estaban esperando esa misma respuesta. Después de todo, Damian Blackwood no había sido visto desde el día de la boda. Los rumores decían que había pasado todo ese tiempo acompañado por Victoria Laurent. Aquello era una humillación pública para la nueva nuera de la familia Blackwood. Por eso, todos estaban convencidos de que Ariana se sentiría terriblemente avergonzada. Tal vez inventaría alguna excusa elegante. O trataría de desviar la conversación para salvar un poco de dignidad. Todos esperaban ver cómo intentaba ocultar su humillación frente a la alta sociedad. Pero ninguno de ellos estaba preparado para la respuesta que estaba a punto de dar. Pero, para sorpresa de todos los presentes, Ariana respondió con total tranquilidad: —Está con su amante. ¿No lo sabe todo el mundo? Entonces… ¿por qué me lo preguntas? Su tono fue calmado, casi despreocupado, como si estuviera comentando algo completamente trivial. Aquella respuesta cayó en la mesa como una piedra en agua quieta. Durante un instante, nadie supo qué decir. Los que habían estado esperando verla avergonzada, titubeante o desesperada por justificar la ausencia de su marido se quedaron completamente sin palabras. Su reacción había sido demasiado directa. Demasiado honesta. Demasiado… indiferente. Yvonne Collins solo pudo forzar una sonrisa incómoda. La expresión en su rostro era torpe, como si no supiera cómo continuar el ataque. —No necesitas tomártelo tan en serio, Ariana —dijo finalmente con un suspiro fingidamente comprensivo—. Los hombres siempre se entretienen un poco afuera. Eso es algo muy común. Hizo un gesto con la mano, como si se tratara de algo insignificante. —Pero al final… siempre regresan a casa. Antes de que Ariana pudiera responder, otra voz intervino. —¿Ha visto a mi hermano jugando con mujeres antes, señora Yvonne? Quien había hablado era Yasmine Blackwood. Su tono era extraño, ligeramente burlón, como si disfrutara del espectáculo que se estaba desarrollando. Yvonne pareció animarse con la pregunta y suspiró de forma exagerada. —Es verdad —continuó—. Nuestro hermano siempre ha sido conocido por mantenerse distante de las mujeres. Durante tantos años ni siquiera ha habido rumores sobre una novia. Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si estuviera compartiendo un secreto. —Por eso es tan extraño que, de repente, esté tan cerca de la señorita Laurent… Pero antes de que pudiera terminar la frase— —¡Cállate! La voz del señor Blackwood resonó con fuerza en la mesa principal. El anciano patriarca había golpeado la mesa ligeramente con la mano, y su expresión era severa. —Hoy es mi cumpleaños —dijo con frialdad—. Si alguien quiere venir aquí a chismear… puede marcharse ahora mismo. El ambiente se tensó de inmediato. Nadie se atrevió a decir una palabra más. Ariana Valmont era la nieta de uno de los amigos más cercanos del señor Blackwood. Después de la muerte de su viejo compañero, el anciano había decidido cuidar de ella como si fuera parte de su propia familia. De hecho, había tomado una decisión importante por su bien. Pensando que, a su edad, tal vez no le quedaba mucho tiempo, había arreglado el matrimonio entre Ariana y su hijo más destacado, con la esperanza de garantizarle una vida estable y próspera. Sin embargo… Nunca habría imaginado que un escándalo como aquel estallaría tan pronto después de la boda. En la familia Blackwood, la palabra del señor Blackwood era ley absoluta. Después de su reprimenda, nadie se atrevió a hablar nuevamente del tema. Tampoco nadie se acercó a Ariana. El silencio era incómodo. Pero a Ariana no parecía importarle en lo más mínimo. Con total naturalidad, se sentó sola en su asiento y comenzó a servirse algunos bocadillos de la mesa. Comía con tranquilidad, como si el ambiente tenso a su alrededor no existiera. Pasaron varios minutos así. Hasta que, de repente… Una pequeña conmoción comenzó a extenderse por el salón de banquetes. Primero fueron murmullos. Luego varias personas giraron la cabeza hacia la entrada. Finalmente, el ruido se volvió imposible de ignorar. Ariana levantó la mirada con curiosidad y buscó el origen de la perturbación. Entonces lo vio. En la entrada del salón había aparecido una pareja que parecía haber sido creada por el cielo mismo.
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