EPÍLOGO Una gran dama caminaba por un pasillo muy frío, hasta llegar a donde quería llegar hacer esa visita de cada mes… −Vaya señora pensé que este mes no vendría –dijo Irina con un poco de resentimiento. −Si tarde unos días, porque estuve ocupada pero aquí estoy –comento sentándose para comenzar su plática. Irina buscó su asiento con dificultad, ya que tenía una prótesis que aunque era molesta si le ayudaba muchísimo para poder caminar sin muletas. −Veo que te mueves mucho mejor, ya sin muletas –dijo Mari Carmen Russell, admirando el hecho que ya caminaba sola sin ayuda. −Si la prótesis me ayuda mucho, al menos ya puedo hacer mis cosas sin ayuda, la verdad pensé al principio que iba a tardar más en adaptarme pero no, si me ha servido. −Me da gusto ver que has cambiado mucho, de
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


