Despierta Marianne abre los ojos. ―Despierta ―le susurra él. Ella le sonríe. ―Vamos. El sol le da en la cara y rápidamente se cubre con la mano. Greg se da cuenta y la cambia de posición. Ahora la tiene pegada a él, es necesario si quieren pasar desapercibidos, y llegar a la cabaña, justo antes de que amaneciera. Está tan pegado uno al otro, que para Marianne es imposible no darse cuenta que tiene bajo los pantalones su tributo masculino, bien erecto, y firme. ―Lo tienes… No es necesario que diga más, Greg ya le ha escuchado en la mente. ―Siempre se pone así, cuando estás cerca. ―¿Dices que siempre… siempre, siempre…? Trata de completar sus palabras pero su imaginación vuela y recuerda todas las veces que le ha visto y que no lo ha notado, hasta ese momento. ―Siempre estoy

