Cuando siente que los brazos de Greg la levantan del suelo para luego dejarla sobre la cama, tiene la intención de hacerle preguntas, pero no está segura si quiere escuchar las respuestas, por lo que se resigna y en silencio espera a que sea él quien hable. ―Debemos ir al sur. Se ve mucho mejor y la toma de las manos, y como siempre, caminan a toda prisa hasta llegar al coche viejo. ―¿Por qué al sur? Marianne siente el ardor en la garganta por el esfuerzo de ir a su paso, pero no escucha respuesta. De vuelta en el carro piensa de pronto en la mujer de las visiones. Después de un largo tiempo llegan a un campo abierto y despoblado a los márgenes de la ciudad. Lo primero que nota en el paisaje es un pozo extraño, como el primero que le ha mostrado, curiosamente cerca de su casa. ―Debem

