Transcurren varias semanas en los que Marianne no quiere ver a nadie, no tiene la intención de abandonar su habitación. Sam la ha llamado para invitarla a salir, quiere compensarla por su ausencia, pero ignora todas sus llamadas. Estaba a punto de ir a la cabaña en busca de Greg, cuando Nana le avisa que Sam la espera. Se siente frustrada, no le queda más que bajar. Lo encuentra en el living, tiene el semblante de siempre, se ve bastante feliz y sonriente, pero todo eso a ella ya no le causa nada. —¡Ahí estás mi amor!¡Saqué el primer lugar! —casi grita de la emoción. —Felicidades. —¿Y esa frialdad? Sé que fallé a nuestra pero mi amor, ¿me perdonas? —No importa ya. Sam nota su indiferencia, no parece ser la misma de siempre. —Ya veo que te dolió más de lo que creía. Sam quiere

