Unas cuantas horas después…. Lo condujo a la otra esquina de la ciudad, a las afueras, el patrullero que conoce muy bien esos lares, recuerda que en su infancia, ese lugar era un bosque húmedo y lleno de vida y flora silvestre, pero ahora es todo lo contrario. ―Esto es culpa de las fábricas y sus químicos. Pero ya no le presta demasiado interés, desciende de la patrulla y sigue a Marianne, con cautela. Camina por detrás de ella, sin hacerse notar. Ella se detiene en lo que él nunca ha visto antes, un pozo grande poco común, ella hace una venia y a continuación no puede creer lo que sus ojos ven, del extraño pozo comienza a desbordar arena, y que con solo tocarlo, se rompe como una copa de cristal, hasta convertirse en polvo. El patrullero, con incredulidad, se frota los dos ojos. ―De

