Pasa alrededor de una semana sin hablar, ni en presencia de Sam, o de sus padres. La tienen bajo prescripción médica. Nana ora por ella todos los días, pero no hay cambios en ella. Un tiempo más tarde, el rutinario silencio le causa una especie de molestia. No se encuentra sola. Se levanta y mira a todas partes. A un lado, ve la cama vacía. Está equivocada, está sola. No tiene ni la menor ida del tiempo que ha transcurrido, pero le queda claro que no se trata de cualquier hospital. En las paredes cuelgan cuadros hechos por niños. Por la ventanilla de la puerta llega a ver el pasillo vacío, en penumbras. Por debajo de la puerta ingresa un frio que lastiman a sus pies, tiene encima una bata de color rosa clásica de los hospitales, le parece demasiado incómodo llevar sólo eso encima. ―

