Alguien le susurra algo. De vez en cuando recobra la consciencia. Abre los ojos y ve a alguien adelante, conduciendo. No es Greg, está segura. Es un hombre cualquiera. Despierta muchas veces, pero no es capaz de moverse. Un rato después, la bajan del carro, de a ratos, mira todo lo que puede. Le han llevado a una especie de casucha de calaminas. Ahora está tendida en el suelo, pero sus ojos se le cierran en contra de su voluntad. Lo siguiente que ve es al anciano que tiene al frente y que le mira con la misma atención que ella lo hace. Alarmada, quiere levantarse. ―Cálmate hija, estás en buenas manos... Ve entrar a una anciana de la misma edad de aquél. Marianne se fija que está en una casa demasiado rústica, si la comparaba con la de Greg. Pregunta, tratando de calmarse. ―¿Qué

