Brooklyn Luego de las palabras de Adamo, ambos nos quedamos en un cómodo silencio mientras los minutos pasaban. Hasta que el italiano tuvo que ir a arreglarse porque tiene unos asuntos que atender. Mientras tanto bajé a desayunar, esperando verlo aparecer por el comedor porque tengo algo que pedirle. Pero pasado un rato terminé subiendo a su habitación para buscarlo yo misma. Doy unos golpecitos en la madera de la puerta y unos segundos después escucho un, —Adelante. Cuando entro en su habitación me recibe un intenso aroma a jabón masculino antes de verlo salir del clóset solo con pantalones de vestir y el cabello húmedo por la reciente ducha. —No es necesario que toques, Brooklyn —asegura él, desenrollando el cinturón que lleva entre sus dedos para pasarlo por la cintura de su pantaló

