Capitulo 41

1995 Palabras

Aleksandr Belinsky El motor del coche rugía suavemente, un sonido constante que, en cualquier otro momento, me habría resultado sedante. Pero hoy, cada vibración del asfalto se sentía como una intrusión en el silencio que nos envolvía. Mía iba sentada a mi lado, con la mirada perdida en el paisaje urbano que desfilaba tras el cristal. Sus manos estaban entrelazadas con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos, una señal muda de la tormenta interna que intentaba contener. Sabía que estaba aterrada. No por el examen médico en sí, sino por lo que significaba entrar en esa clínica conmigo. Era cruzar el umbral hacia una realidad de la que ya no habría escapatoria, un punto de no retorno donde nuestra historia dejaba de ser un secreto de alcoba para convertirse en una vida latente. Detuv

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