Mafia
Capítulo 13 -14
El ataque
Nazar
Voy con los ojos vendados, con las manos y pies atados, nunca imaginé qué estos meses de paz, terminarían, que mis demonios regresaron a convertirse en mi infierno de nuevo, era como una maldición, no podía escapar de ella. Nos habían emboscado en una tienda de segunda mano, yo había insistido en parar, Nana estaba reaza, pero accedio al fin, todo porque deseaba un estúpido vestido, algo que nunca había tenido y al salir, los hombres estaban muertos, Nana fue golpeada hasta casi matarla, Ahora, al final, por una mujer, despechada, rechazada, por un hombre que no la ama, que le dijo en su cara ser más que ella, ¿Como podían protegerme? ¿Quién en su sano juicio cuidaría a algo como yo? Soy un ser maldito y heme aquí, siendo víctima de ello. De un odio de alguien a quien no le hice nada y nunca había conocido en mi vida. Cuando el auto se detuvo, y me quitaron la venda de los ojos, por un segundo no reconocí el lugar donde llegamos, hasta que vi esa puerta, ese picaporte, esos colores. Un escalofrío bajo de mi cabeza hasta cada músculo del cuerpo, que tembló de terror.
– ¡NO!. ¡NO!. ¡NO!. – no podía volver ahí, no otra vez, comencé a gritar con la mordaza en mi boca, las lágrimas nunca pararían, el hedor de esa casa, los árboles secos y descuidados, este era mi infierno y había regresado. Por más que me retorciera, por más que gritara, nadie me escucharía, ni cuando sus hombres abrieron la puerta, ni cuando me arrastraron a la habitación, la única que yo conocía.
– Sabes, desde fuera es muy bonita tu casa – se paseó en su hermoso vestido, tacones altos y cabello rubio bien arreglado, camino por los pisos de mi casa – Pero por dentro, es impresionante, sobre todo cuando descubrí cierto lugar.
Río encantada, como un depredador, acechando su presa, mi único error fue haberme arrojado al auto de su amante. Esa fue mi salvación y mi condena, porque cuando kriv, me conoció, la hizo a un lado como si ella nunca hubiera existido, yo desconocía su existencia, y ahora estaba apunto de pagar el precio más alto, de nuevo.
Cuando ella movió el mueble, abriendo la puerta de bajo de la escalera, una que escondía un segundo sótano, sonrió al ver el terror en mis ojos, ella se rió triunfante y aunque era en vano, luché por no entrar ahí, no podía volver a ese infierno y aun que sabía que no servía de nada, entramos, todo se me hacía surrealista, la oscuridad de las luces, rojas, las paredes húmedas, el olor a moho, la puerta insonorizada qué me anunciaba horas de abusos y torturas. Nada Impide que encendieran las luces y vieran el cuarto de juegos perverso que había sido diseñado solo para mi, ella río siniestramente, aplaudió de alegría malvada, señaló la cruz de madera pegada la pared, con correas de cuero y me arrastraron hasta ahí dónde me ataron. Cerré los ojos, no podía ver, no podía seguir viendo ese lugar infernal. Un puño golpeó mi vientre, sacándome el aire, ella tiró de mi cabello y me quitó la mordaza.
– MIRAME, PERRA, MÍRAME, QUE, MI ROSTRO SEA LO ÚLTIMO QUE VEAS.
Reuní todo el valor que tenía y le escupí en el rostro, total no podían hacerme algo peor de lo que me había hecho en esta habitación del dolor. Nunca sentí placer, jamás sentí nada salvo el dolor. Se que me volverían a mancillar, que ellos serían los últimos en disfrutar de mi cuerpo, pero el tiempo es efímero, en algún momento se cansarían, en algún momento todo terminaría, porque todo tiene un fin y el mio es la muerte. Siempre lo supe.
Solo me quedaba, resistir, resistir todo lo que fuera a pasar, porque al menos al final, solo había oscuridad. Ella se acercó a la mesa, tomó unas tijeras y las agitó en el aire, como un trofeo.
– Primero eliminemos el exceso de ropa y después mis amigos aquí presentes, podrán divertirse un rato, con nuestra nueva sumisa.
Oírlo decir de su boca roja, era más real, verla acercarse contoneando sus caderas, lo hacía más vivido, empeso por romper mi blusa, a ellos no les importaba mi llanto, no les importaba mi súplicas, Sabía que esto les exitaba, sabía que esto les hacía correrse, había visto esa mirada en mi padrastro, solo tenía que ser fuerte y esperar, que al final, tuvieran la suficiente piedad para matarme, porque no podría sobrevivir de nuevo a esto, no podría seguir viviendo, después de que por una vez en la vida, conocí la paz. La tranquilidad y la libertad.
Simplemente me rendí cuando empezaron a acercarse y tocarme.
Kriv
Las puertas insonorizadas volaron en pedazos, metal y madera sacudieron las paredes del sótano y los hombres que rodeaban a mi chica, se hallaban tirados en el piso, cuando vieron quien entraba, no dudaron en sacar sus armas, pero antes de que llegarán a tocarlas, ya les habíamos volado los sesos. Cuando la vi, en brasier, con los pantalones abiertos, una furia salvaje se apoderó de mí y me fui contra mi objetivo, Tatiana, la puta de Tatiana, ella levantó la barbilla desafiante, pero me importaba un bledo, la tomé del cuello, y empecé a propinarle puñetazos a su cara, hasta que la sangre me salpicó el rostro y los nudillos se me pelaron, ella gritaba y lloraba qué parara, pero nada me detendría, nada.
– ¡KRIV, KRIV! ¡PARA, PARA! ¡ELLA NO LO VALE! – unas fuertes manos me separaron de esa perra y aunque luche con furia ciega, me alejaron de mi objetivo. Luche por volver a tomarla – KRIV, CENTRATE – era mi hermano menor – Solo importa ella, deja que nos ocupemos de esa maldita.
– ¡Te demandaré maldito, me has golpeado, me has roto la nariz!
Sus malditos chillidos me perforaban la cabeza, pero la ignoré, no haría nada, porque no tendría oportunidad. Griv la golpeo con saña.
– ¡ CALLATE!
Me acerque a una asustada y llorosa chica, se veía tan mal, atada y con la blusa desecha, ahogandoze en el llanto estremecedor, me mataba verla así, me mataba verla llorar, le solté las correas de las muñecas, mientras verónica le soltaba los pies, en cuanto estuvo libre se aferró ami pecho llorando con desesperación, y la abrazo por primera vez en meses, nunca se había permitido que la tocara, joder, era gratificante sentirla contra mi cuerpo, su calidez, su aroma, todo era natural en ella. Me asió contra sí desesperada.
– ¡SACAME!. ¡SACAME!. ¡NO SOPORTO ESTAR AQUÍ!
La alcé en brazos, y ella se aferró a mi cuello, escondiendo su rostro de este horrible lugar. Mire a mis hermanos y ellos asistieron con la cabeza, salí de ese lugar infernal con mi mujer. Porque aunque ella no lo supiera aun. Era mía y yo protegía lo que es mío.
Mientras el Hummer avanza, Nazar por fin se ha calmado, el llanto estremecedor ha desaparecido y por fin, respira como Natalia le ha enseñado.
– ¿Nana? – pregunta sin dejar de jugar con mi perrera de plata. Me distrae de mi preocupación hacía ella.
– Está bien, bastante magullada, va de camino a casa.
– ¿Cómo me encontraron?
– Nana y los escoltas mandaron una señal de alerta, todos traen un botón de pánico. Puede ser cualquier cosa. Un anillo, un reloj, incluso una cadena trae rastreadores.
– Bien – se acurrucó más contra mi y al poco tiempo se quedó dormida.