-Ya son varios atentados y usted no tiene ningún detenido-, me molesté con el teniente Castro. -Solo tenemos la sospecha de un accionista de Zodiaco-, reconoció. -¿Acaso espera que me maten para recién actuar?-, le protesté furiosa. -Tenemos las descripciones, creo que pronto habrán novedades-, me insistió Castro. Yo estaba demasiado furiosa. -Espero que cuando haga alguna detención, yo no esté en la morgue-, le dije con cólera y me alejé de él, meneando las caderas, iracunda y con la cabeza alzada, dejándolo absorto. -Eso no pasará. Recuerde que usted está litigando mi divorcio-, sonrió. Tomé una decisión: hablar con el tal Marlon Agüero. ***** Terminaba de redactar las notificaciones a la minera Azuleja cuando Yolanda me avisó que Luiggi me esperaba. ¡Rayos! me dije. Con el es

