MELANIE Cuando regresamos a la cabaña. Knox tiene la mandíbula tan apretada que temo que se le rompa una muela. Cuando subimos a la camioneta logró convencerme de que no estaba tan herido y también que conocía el camino y como conducir en esas condiciones, y supuse que golpear o golpear suavemente, en palabras de Knox, otro árbol, sería peor no dejándolo operar el embargue, así que cedi. —Vamos a entrar— le digo, pero el cierra los ojos e inclina la cabeza hacia atrás contra el asiento. Su mandíbula se flexiona. Su garganta se mueve mientras traga, y su abrigo está lo suficientemente abierto como para que pueda ver los tendones moviéndose bajo la barba incipiente, su piel pálida como el invierno hasta el hueco de su garganta. Se ve cálido y suave, y por un momento me quedo atrapado allí,

