Se siente… ¿Extraño?
Jamás he vuelvo a pisar un lugar del que hui. Siento que me arriesgo a que me descubran si vuelvo a un lugar, pero ya nadie me persigue ni me buscan y aun así el sentimiento está presente.
El sonido de la puerta abriéndose me alerta de inmediato y abro los ojos, despertando del tranquilo sueño en el que me encontraba sumergida hace medio segundo.
Me levanto, dispuesta a luchar con lo que sea que haya entrada a mi habitación en una casa en la que vivo completamente sola y al concentrar mi atención en la figura frente a mí, me percato de la figura femenina a un par de metros de distancia.
- ¿Sam?
Esa voz… esa voz tan maternal y cálida que no he escuchado en tanto tiempo y de verdad anhelaba escuchar.
Su cabello con unas pocas canas y las arrugas a penas visibles en señal de madurez y sabiduría, ese bolso tan grande que llevaba a todas partes y muchas veces me resultó gracioso verla cargarlo y finalmente esos ojos tan brillantes y azules que tanto extrañaba, solo ella con su presencia podría traerme tanta paz, similar a lo que me causa Ananiel.
Corro a sus brazos con la simple idea de sentir su cariño y por una vez en la vida sentirme completamente protegida en los brazos de alguien a quien amo.
- Sam, sabía que volverías.
- Karla, te extrañé.
Su voz tan delicada me provoca ganas de llorar y al sentir sus brazos envolviendo mi cuerpo las lágrimas caen por mis mejillas sin poder controlar la mezcla entre tristeza y felicidad en mi interior.
Acaricia mi cabello como si se tratase de una madre consolando a su pequeña niña y por primera vez en toda mi existencia, extraño a mi propia madre. Jamás la extrañé porque nunca supe que se siente tenerla y después de tanto tiempo encontré a alguien en quien podría confiar plenamente y saber que nunca me juzgaría.
El abrazo dura más de lo que debería, pero no quiero despegarme de ella, quiero estar así para siempre… extrañando lo que nunca tuve y anhelando tener lo que jamás pensé querer.
- No quería asustarte, no sabía que habías regresado.
- Te extrañé mucho.
Extrañé sus charlas y los momentos en los que me decía que alguien tan joven como yo no entendería de lo cruel que es la vida sin poder contarle de todos los siglos en los que sufrí la crueldad humana.
- Siempre supe que volverías por eso no quería que tu casa estuviera sucia cuando llegaras.
Una gran sonrisa asoma en mis labios al escuchar de su preocupación por mí.
Me comienzo a alejar de ella para poder verla a los ojos y me encuentro con las lágrimas en todo su rostro al igual que el mío.
- Cuando me di cuenta de que la casa no estaba en venta, tomé la llave que me entregaste para entrar y la limpié dos veces por semana.
- Gracias.
Con esa simple palabra trato de expresarle mi gratitud por todo lo que ha hecho y sin embargo se queda tan corta que se me hace imposible agradecerle por todo.
Me toma unos cuantos minutos despegarme por completo de ella y el vacío de hace presente cuando dejo de sentir el calor de su cuerpo abrazando al mío.
- Te extrañé mucho Sam.
Una sonrisa triste asoma en mis labios al escuchar esas palabras, quisiera abrazarla por siempre y poner el mundo a sus pies como agradecimiento por todo lo que ha hecho por mí.
Los minutos y las horas pasan mientras conversamos, le cuento donde estuve, con quien y el momento en el que perdí al amor de mi vida, pero omito cualquier detalle mágico o angelical. Sufre a mi lado cuando hablo de Hizzand y el último beso que nos dimos y por momentos siento como el aire se me escapa de los pulmones y mi corazón se rompe en mil pedazos al recordar que jamás volveré a verlo.
Finalmente llego a la parte en la que me enteré de mi embarazo, reemplazando a Ananiel por un Doctor que me informó de la noticia. Me abraza tan fuerte que me provoca un ligero dolor en mi pecho, pero recibo las felicitaciones de su parte y promete acompañarme a comprar lo que haga falta para el bebé.
Al final de la tarde y después de varias lágrimas y abrazos, Karla decide volver a casa para dormir, ya que tiene que despertarse temprano para ir a trabajar el día siguiente y mientras nos despedimos promete que volverá pronto y con último abrazo nos decimos adiós.
El momento en el que llego a la cama me quedo mirando al techo, recordando cada beso y abrazo con Hizzand. Por un momento la imagen de Hizzand jugando con nuestro hijo me viene a la mente y la tristeza vuelve a invadirme por completo.
El recuerdo de Ananiel hablarme de Baraquiel se hace presente y comienzo a pensar en el plan que tenía en mi mente. Buscar a Baraquiel será difícil, pero quizá tenga una solución a eso.
La imagen de cierto sacerdote llega de golpe y rápidamente me levanto de la cama con la intensión de correr hasta la oficina junto a mi habitación y usar la computadora. En dos segundos me encuentro frente al computador encendiéndolo y golpeando rítmicamente mis dedos en el escritorio mientras espero que encienda por completo la pantalla.
Hace unos siglos, durante la guerra de Francia e Inglaterra, me encontraba dentro del Convento de Santo Domingo refugiándome de la guerra y de la pobreza que comenzó a invadir cada casa en España. Por error escuché a un sacerdote hablando con un extraño sobre un pergamino que contenía información importante y que ocultaba el vaticano. Decía que el pergamino contenía información sobre la invocación de un ángel y que el vaticano lo había encontrado en un cofre enterrado en Sremska Mitrovica con el escudo de caballeros templarios.
El sacerdote le decía al extraño que el pergamino no era real y le recomendaba al hombre no obsesionarse con un pedazo de papel, pero el extraño se mantenía firme con la idea de obtener dicho pergamino y hablar con el ángel responsable de la muerte de su familia, sin embargo, nada de lo que hablaban tenía sentido para mí hasta que el nombre de un ángel salió de los labios del extraño y entendí que aquel hombre tenía conocimiento de la existencia de ángeles y demonios.
No sé cómo, pero el hombre tenía conocimiento sobre muchos temas de los cuales muchos creerían que son simples mitos o rumores. Por un momento me sentí tentada a preguntárselo, pero al hacerlo me delataría a mí misma y no quería eso, por lo que continué escuchando la charla del hombre con el sacerdote para saber sobre la información que tenía el hombre.
No recuerdo mucho de la conversación, pero hubo una frase que mencionó el hombre y que prometí no olvidarla nunca. “Invoquer un ange” dijo el hombre y pensé en eso durante días mientras trataba de imaginar como un hombre podría ir contra la voluntad de un ángel y llevarlo a un lugar a la fuerza, en ese momento me pareció imposible, pero después me pareció demasiado arriesgado hacer enojar a un ángel.
Recuerdo que quería buscar aquel pergamino y tenerlo en mi poder por si lo necesitara algún día, pero la guerra nos afectó a todos y escapé de aquel convento, olvidando mi plan de conseguir el pergamino, pero no de la conversación del extraño con el sacerdote.
Paso varias horas buscando información sobre la existencia del pergamino y sobre invocación de ángeles, pero la poca información que consigo me lleva a un sitio de locos por conspiraciones que piensan que la iglesia oculta documentos que prueban la existencia de seres míticos.
Leo varias de sus teorías y me sorprende la exactitud de algunas, pero me causa risa otras, como por ejemplo la teoría de que los ángeles han embarazado a vírgenes jóvenes desde hace siglos.
Al indagar en varias publicaciones de los miembros de este grupo encuentro que hay un hombre que asegura que existe un pergamino que permite invocar ángeles, dentro de un cuarto subterráneo en Église Saint-Étienne. Rápidamente busco la iglesia en internet y me encuentro que se encuentra ubicado en el mismo lugar que mencionaba el extraño al sacerdote.
Busco el nombre del hombre en internet, pero me doy cuenta de que se trata de un pseudónimo por lo que decido realizar una llamada importante al hombre que me ha ayudado a cambiar de identidad las últimas dos veces.
- Sam, apenas han pasado tres años, no creí que me llamarías tan pronto.
Su voz es ronca y profunda, cualquiera podría pensar que es un hombre rudo, sin embargo, es amigable y gracioso.
- Disculpa si te desperté, Sammy. -
Todavía recuerdo cuando hablé con él la primera vez. Sonaba como un adolescente que apenas había salido del instituto. Prometí pagarle muy bien a cambio de todos los papeles que necesitaba para comenzar una nueva vida después de un incidente que tuve con oficiales de policía en Portugal. La segunda vez fue más sencillo, ya que me consiguió papeles nuevos en menos de dos días al mismo precio que la primera vez y elegí llamarme Samantha para que las personas puedan llamarme “Sam”, el cual es su nombre, aunque yo prefiero llamarlo “Sammy” de cariño.
- Nunca duermo Sam, sabes que debo cuidar mi espalda por si los federales me atrapan.
- ¿Sigues trabajando con la mafia?
- Trabajo es trabajo Sam, papá necesita las quimios y mis hermanos pronto irán a la universidad.
- Si te atrapan nadie cuidará de tu papá y tus hermanos no podrán ir a la universidad.
- Sé cuidarme Sam, no te preocupes.
- Creí que el dinero que te pagué la última vez sería suficiente para pagar el tratamiento de tu papá.
- Hace un año tuvo una recaída y estuvo internado más de un mes. Los gastos fueron estratosféricos y el dinero que me diste se lo quedó el hospital.
- ¿Cuánto dinero necesitas para las quimios de tu papá y la universidad de tus hermanos?
- No sé, quizá unos cien mil.
- Sammy te voy a pagar doscientos mil si me consigues toda la información sobre una persona.
- Wow, Jessy, no debes pagarme tanto por eso, incluso podría tenerte toda esa información para cuando amanezca y no me costaría mucho trabajo.
- Ya no soy Jessy, Sammy, recuérdalo.
- Sí, perdón, lo olvidé.
- Te mandaré un mensaje con el nombre de usuario que tiene en un sitio de internet llamado “The church lies” y te enviaré el dinero tal y como me enseñaste a hacerlo. Solo consígueme la información y no te preocupes por el dinero.
- Gracias, adiós.
Cuelgo y de inmediato me levanto de la silla dispuesta a ir a mi cama a dormir las pocas horas de oscuridad que queda.
No tardo más de dos minutos en quedarme profundamente dormida y solo el sonido de la alarma del celular me despierta del pacífico sueño en el que me encontraba sumergida.
Reviso los mensajes de mi celular y me encuentro con un mensaje de Sammy. Se trata de un documento pdf con lo, que estoy segura, es la información del hombre de internet. Con una gran sonrisa me levanto de la cama y antes de entrar al baño a prepararme me aseguro de enviar el dinero que le prometí a Sammy.
Sé que va a ser difícil despedirme de Karla después de habernos reencontrado hace menos de veinticuatro horas, pero debo viajar en busca de Baraquiel.
Las horas pasan rápido mientras empaco. Pronto llegará Karla y verá las maletas así que debo preparar una buena excusa, no puedo decirle que iré a buscar al bisabuelo de mi hijo y después aparecer con un hombre joven.
- No lo hagas, Malakh.
De pronto las preocupaciones se van y la sensación de paz llena mi pecho. La voz de Ananiel me informa de su presencia en la habitación, pero no puedo verlo por ningún lado.
- ¿Ananiel?
- Sé lo que quieres hacer, Malakh, pero buscar respuestas no siempre es lo mejor. A Baraquiel no le gustará que lo invoques y si logras convencerlo de decirte la verdad no te gustará saber lo que el destino tiene preparado para ti.
Esas últimas palabras provocan una presión en mi pecho que no puedo explicar. El conocimiento es poder, pero es momento de saber si podré manejar ese poder.
- Ananiel, necesito saber qué pasará con mi hijo y si tú no me lo dices entonces buscaré las respuestas por mi cuenta.
Dejo de escuchar a Ananiel y por un segundo pienso que se ha ido, pero vuelve a hablar, esta vez un poco más molesto.
- No puedo impedir que busques respuestas, pero por favor no preguntes nada sobre tu futuro, prométeme eso Malakh por favor.
Me extraña que Ananiel me pida eso, pero no quiero hacerlo enojar.
- Lo prometo, Ananiel.
La paz que sentía se esfuma de un segundo al otro y entiendo que Ananiel se ha ido.
Pienso en la promesa que acabo de hacer el resto de la tarde y antes de que pueda idear una buena excusa para decir a Karla, me topo con el ruido que provoca la puerta al ser abierta.
Karla entra con una gran sonrisa en su rostro, lo cual me provoca remordimiento por tener que mentirle de nuevo.
Algún día le diré todo… lo prometo.
Con ese pensamiento me acerco a abrazarla como saludo. Karla se aleja de mí y sostiene mi rostro maternalmente mientras me mira a los ojos.
- Debes estar hambrienta, deja que te prepare algo.
Mientras camina hacia la cocina pasa por la sala de estar y observa la maleta grande y la maleta de mano junto a la mesa de centro. Su mirada regresa hacia mí y me observa desconcertada.
- Debo irme unos días…
Trato de pensar en algo mejor que decir, pero el remordimiento en mi interior me grita que deje de mentirle a la única madre que he tenido.
- Debo hacer este viaje, Karla. Prometo que volveré lo más pronto posible.
Sus ojos se encuentran completamente fijos en mi rostro y por un momento temo moverme y que pueda descubrir todos mis secretos.
- ¿Estás segura de que regresaras pronto?
Asiento con la cabeza una y otra vez.
Por un momento Karla se muestra triste, pero de un segundo al otro sonríe y se acerca a mí para volver a abrazarme.
- Si tienes que irte lo entiendo Sam, pero esta vez promete que me avisaras como estás y como está el bebé, ¿de acuerdo?
Al parecer es el día de las promesas, aunque la segunda promesa es más fácil de cumplir que la primera.
- Lo prometo, Karla.
Karla se dirige a la cocina a preparar algo de comida para ambas y un par de horas después nos despedimos.
Antes de medianoche me encuentro en el aeropuerto esperando a abordar un avión que me llevara hasta el Aeropuerto de Fráncfort del Meno en Alemania y finalmente tomar otro avión con destino al Aeropuerto de Belgrado-Nikola Tesla, donde rentaré un auto para conducir durante cuarenta y cinco minutos hasta Sremska Mitrovica.