Victoria
Abrí mis ojos con dificultad, escuchaba una máquina sonar a mi lado y varias voces al fondo, poco a poco logré ubicarme percatándome de que estaba en la casa de Surgut. Mi padre se acerca bastante preocupado revisando mis signos vitales y me da un beso en la frente.
—Nika me contó lo ocurrido con Serik —fueron sus primeras palabras, unas que retornaron mi ira.
—Te juro que no sabía quién era, jamás dio indicios de nada y yo…
—Tranquila —habló suave, comprensivo—. Sé que no lo sabías porque nunca te atreverías a meterte con alguien de esa calaña, pero ahora tenemos problemas más graves, Vicky.
—¿De qué hablas?
—La explosión te arrojó contra la pared afectándote gravemente, llevas varios días inconsciente y…
Un silencio se hizo presente, pero sus ojos me indicaban que había algo más, entonces recordé mi condición y coloqué muy nerviosa mis manos en el vientre.
—¿L-Lo perdí, papá? —pregunté a punto de llorar.
—Por fortuna no, mi pequeña, pero debes permanecer en reposo absoluto porque el riesgo de aborto es alto y la vida de ambos peligra todavía, a no ser que… —no sabía que era más difícil, si el tener que escuchar sus próximas palabras o que él las dijera.
—¿A no ser qué, papá? ¡Dime!
—Que te hagas un aborto, hija —respondió con profundo pesar, dejándome helada—. Si te soy honesto, tuvimos la opción hace unos días cuando te sacaron de allá, pero no tuve la fuerza para ordenarlo. Tú sabes lo que eso representa para mí y creo debe ser tu decisión —obviamente lo sabía porque desde que era una niña supe que él no podía tener hijos, esto siempre lo atormentó y acabar con la vida de un infante no es algo que él pueda hacer o decidir sin importar de quién sea hijo—. No te forzaré a hacer nada que no quieras, mi pequeña, es tu bebé y tú sabrás lo que es mejor para ustedes, igual, decidas lo que decidas, sabes que la familia siempre te apoyará.
Si interrumpía el embarazo, no tendría que cargar con la vergüenza de lo que hice y cobraría venganza contra Serik rápidamente, el problema era que tampoco me daba la mano para acabar con la vida de un niño y este bebé no tenía la culpa de las decisiones que tomé al dormir con el enemigo hasta darle un hijo que nunca buscamos, pero no importa, igual sabía lo que quería y eso era venganza, quería asesinarlo lenta y tortuosamente hasta que su último latir terminara en mi mano.
—Quiero encontrarlo, papá, quiero que Serik pague por todo lo que nos hizo.
—Así será, mi amor, eso no lo dudes, pero tampoco es lo primordial ahora para mí.
—Continuaré el embarazo y en cuanto nazca será registrado bajo el apellido Romanov, pero nunca permitiré que él nos arrebate esta vida, papá, Serik Ivanov me pagará con sangre lo que nos hizo a mí, a la familia y a mi hijo, así tenga que quemar el continente entero para encontrarlo, te aseguro que lo haré pagar con mis propias manos.
—¿Por qué no me extraña viniendo de ti? —mi corazón se detuvo ante la profunda voz de Aleksei, quien ingresó a la habitación con una tétrica aura.
—Los dejaré para que hablen —mi padre besó mi frente y luego presionó el hombro de Alek—. No seas fuerte con ella, no es momento de reclamar —le murmuró casi en una súplica y partió en silencio.
—Hazlo, regáñame por lo que hice, al menos esta vez lo merezco.
—¿Necesitas que lo haga, o te es suficiente con saber que llevas a un hijo de Serik y que él te engañó igual a como hizo Luzhin con Nika? —mis entrañas se revolvieron, pero respiré profundo para no alterarme por el bien del bebé.
—¿Qué quieres, Aleksei? Se suponía que estarías trabajando.
—No, Vicky, se supone que debo estar en Portugal recuperándome de lo que me hizo Ivanov —levantó su camisa enseñándome las cicatrices, aunque fue la del corazón la que bajó mi temperatura—, así mismo, debería estar allá para dejarte atrás.
—Entonces regresa y no vuelvas, porque aquí no hay nada para ti —esquivé la mirada, intentando no llorar frente a él por la ira, el dolor y la decepción que me consumían, pero Alek besó mi mano con ternura.
—Te juro que Serik Ivanov y Kirill Luzhin pagarán por lo que hicieron. Solo te pido que no te desquites con este bebé, Vicky.
—¿Por qué te importa tanto si sabes que es hijo de Serik?
—Porque ese pequeño no tiene la culpa y sé que no buscaste el embarazo, ¿o sí?
—¡Obvio no! —exclamé dolida, a lo que él sonrió triste y acunó mi mejilla, bajando por completo mis defensas—. Lo siento, en verdad no sabía que Serik y Dussan eran el mismo hombre. Quizás él me manipuló desde el comienzo y yo como una idiota caí…
—Ya no importa —su tranquilidad me confundió y más al acostarse a mi lado para refugiarme en su pecho—. No le dediques un minuto más a ese infeliz, mejor piensa en la pequeña vida que crece dentro de ti, lo mucho que te necesitará de ahora en adelante y lo más importante —levantó delicadamente mi rostro—, no olvides que sigues contando conmigo, yo me aseguraré de protegerlos y darles lo que haga falta en este tiempo.
—¿Por qué?
—Porque no puedo estar en el campo de batalla, todavía estoy débil como para enfrentarme a alguien, pero tengo la fuerza suficiente para cuidar de ti y tu bebé.
—Pero, Alek…
—No más, Vicky —cubrió mis labios con su pulgar en una dolorosa súplica que me llegó a lo más profundo—, te pido que no presiones mi corazón porque sigo recuperándome de tus acciones y tu rechazo, y necesito encontrar un nuevo foco en mi vida, por eso te daré la atención necesaria mientras pasas tu embarazo y después del nacimiento nos enfocaremos Nika, tú y yo en vengarnos de esos infelices, te lo prometo.
Mi garganta se cerró para darle pasó a las lágrimas que derramaba en su pecho, uno tan cicatrizado que me recordó el gélido cuerpo de mi madre, aunque ella, como siempre, seguía llevándose la corona, incluso para las peores cosas del mundo. A pesar de lo ocurrido, me alegraba saber que seguía contando con Aleksei y que él no rechazara a mi hijo significaba demasiado para mí.
(…)
Tierras Altas de Escocia – Semanas después
No fue fácil el traslado a Escocia por mi delicado estado, pero Alek y mi padre no querían dejarme en Rusia, así que entre los dos se encargaron de organizar el viaje y dejarme en mi habitación, una que cada día me parecía más una prisión de la que me resultaba difícil salir y no solo porque no debía caminar, sino porque era el corazón lo que me dolía y esas desconsoladas lagrimas era las que derramaba día y noche pensando en lo que viví con Serik, lo peor era que sus engaños incrementaban mi odio al igual que sus acciones.
A pesar de esto, Alek siempre terminaba a mi lado soportando este peso sin importarle cuán egoísta pudiese ser, porque sí, reconozco que era egoísta de mi parte apoyarme en el hombre que tanto me ha querido y al cual traicioné por un enemigo, por una estúpida ilusión que estuvo a punto de acabar conmigo y el poder de mi familia. Sin embargo, el que Alek fuese tan comprensivo conmigo solo incrementaba mi furia y la culpa por lo que hice, por todo lo que provoqué y crecía dentro de mí en medio de la ira y la traición.
—¿Seguirás sin comer? —preguntó Alek al ingresar a mi recámara dejando una caja de cartón sobre la mesa, pero no me molesté en apartar la vista de la ventana—. Vicky, te recuerdo que no está bien saltarte las comidas.
—No tengo hambre.
—Debes comer, ese bebé te necesita y le afecta todo lo que te pase.
—¡Ya dije que no tengo hambre ¡Y a todo esto, ¡¿por qué demonios sigues aquí si dijiste que debías estar en Portugal olvidándome?! —él respiró profundo para no desquitarse conmigo, aunque se notaba cuánto le dolía mis palabras.
—Vamos, come un poco —se sentó tranquilo y cogió el plato, pero aparté su mano al acercarme la cuchara llena de avena—. Vicky, come un poco.
—¡Déjame en paz! ¡Deberías gritarme por lo que hice, no consentirme!
—Tú gritas bastante por los dos y te recuerdo que me duele hacerlo. Ahora come.
Odiaba que él mantuviese la calma, pero odiaba más cuando me recordaba el motivo ya que eso me llevaba al rostro de Serik, lo peor fue enterarme de que mis órdenes en estos últimos dos meses no iban a Aleksei, como tanto me lo hizo saber Nika, sino que ella fingía dárselas para no contarme el enfrentamiento que tuvieron y del cual casi no sale vivo Alek.
—Déjame sola, comeré después.
—Comerás de inmediato o me obligarás a dártelo a las malas, y te recuerdo que ayer no nos fue muy bien con ese método —divisé las marcas de mis uñas en su brazo y la culpa retornó cual bofetada contra mí.
Obediente, me dejé llevar por él hasta vaciar cada plato que me habían traído, entonces él abrió la caja mostrándome una porción de mi torta favorita.
—Quise traerte la torta completa, pero no quería que la arrojaras a la pared y menos porque quedó muy buena, te lo aseguro —una tonta y muy sutil sonrisa se trazó en mí y abrí la boca al acercarme el primer bocado, uno que aceleró mi corazón por el exquisito sabor que inundaba mi paladar—. ¿Y? ¿Está bueno?
—Sí —murmuré entre dientes.
—¿Qué dijiste? No te escuché —volteé los ojos al molestarme con su tonta actitud engreída.
—¡Dije que sí, está deliciosa! —él rio suave, pues todavía se le dificulta hacer varias cosas por su respiración.
—Me alegra que te guste. Si te comes todo lo que te traigamos, me aseguraré de que haya una porción para que la disfrutes —Alek quedó viendo mi pequeño vientre abultado—. Espero que le guste tanto como a ti.
—Si sigues dándome tortas, terminaré teniendo una niña glotona.
—Mejor, así será tan hermosa como su madre y yo estaré encantado de darle estas delicias cuando crezca —de pronto su alegría se apagó. Era como si se hubiese dejado llevar por el momento y ahora recordase la terrible realidad—. Lo siento, no debí decir eso —dejó la torta en mi mano y recogió la bandeja—. Llevaré esto a la cocina, avísame si necesitas algo más.
—Alek —le llamé antes de que saliera—, ¿podrías ayudarme con el baño? Intenté ir por mi cuenta, pero me dolió dar un paso —suspiró fastidiado, aunque yo sabía que no era por mi petición, sino por mi terquedad de querer levantarme cuando no debía.
—Sabes que no debes moverte sin ayuda, por algo se llama reposo absoluto.
—Y tú sabes que no soporto quedarme quieta cuando algo me inquieta —otro frustrante suspiro suyo.
—Bien, al menos déjame llevar esto y ya preparo la bañera. Disfruta tu torta en lo que vuelvo.
—Alek —le miré aniñada, haciéndole un mohín—, ¿puedes traerme otra porción más grande? —él rio suave, negando con su cabeza.
—Descuida, también le pondré crema y fruta extra.
—¿Cómo es que siempre adivinas lo que quiero?
—Porque te conozco bien.
—Sí, pero ahora que estoy embarazada tengo muchos cambios.
—Te equivocas, sigues siendo la misma chiquilla caprichosa, solo que ya no puedes escaparte ni hacer travesuras —él partió, dejándome con una horrible sensación en el estómago.
—Fui una estúpida por no verlo antes —dije a mi bebé entre caricias—. Alek habría sido un gran padre para ti, no como ese cretino mentiroso de Serik, pero no te preocupes, en cuanto salgas de ahí, mamá lo buscará y le dará su merecido, y tú serás un Romanov en todo su esplendor. Eso te lo prometo.