La peruana se movió con rapidez en cuanto ingresó por esa puerta de rejas negras, después de saludar al hombre que le enseñó su gafete de invitado. En ese momento ella sintió que ahora su vida cambiaría y tal vez va ser así, observando todo a su alrededor se detuvo a mitad de camino, interrumpiendo a todos los presentes que tuvieron que rodearla en lugar de golpearla, cuando se dio cuenta de ello, se movió hacía ese salón que la puerta estaba cerrada con llave. Parecía que no era la única porque había dos personas cerca a esa puerta. Cerró los párpados unos segundos al apoyarse contra la pared, deseando sentarse, pero no había sillas ni tampoco los sofás del último día que estuvo ahí, al parecer esos asientos solo eran para ese momento, y no para otra cosa. Pero no dijo ni una sola palabr

