No salí de mi casa en todo el día hasta que mi madre me envió a comprar pan para la cena y no tuve opción. Me dirigía a comprar a la tienda, tratando de no mirar la casa de enfrente cuando de pronto alguien me jaló hacia atrás y me acorraló contra la pared. No sé por qué tengo el presentimiento de que estaba esperando a que yo saliera, tal vez me estaba espiando. —¿Qué haces? —pregunté. —Moría por verte, hermosa. ¿Pensaste en lo que hablamos? —besó mis labios suavemente. —No aquí. —¿Entonces dónde? —En ningún lugar, déjame en paz. —Nunca te dejaré en paz, Aisa. Ya callé durante mucho tiempo lo que siento por ti. —Sigue callando y déjame en paz. —No lo haré, y no descansaré hasta que estés conmigo —dijo antes de irse. *** Regresé a casa para cenar, mi familia solo me estaba espera

