—Vamos, no te detengas. Solo escucho la voz de Freddy y me aferro a su mano. Nos dirigimos al estacionamiento; este lugar era un caos, incluso están destruyendo carros y ya comenzó un incendio. Hay insultos, gente gritando, otros a los golpes y otros corriendo. En cuanto estuvimos en un lugar seguro, comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos; me asusté demasiado. Él me abraza y frota mi espalda con sus manos. —Ya pasó, estás segura —besa mi frente. —Gina y tu amigo... En cuanto me di cuenta de lo que ocurría, Freddy me sacó prácticamente a rastras de allí y dejamos olvidados a Gina y Martín. —No sé, iré por ellos. —No vayas, te van a lastimar. —Debo checar cómo está Max, no quiero que recaiga. El resultado no es el que él esperaba. —Entonces voy contigo. —Tú te quedas acá, haz cas

