Creí que Nate me dejaría en paz, pero estaba equivocada. No ha dejado de mandarme mensajes, así que lo bloqueé en todas las r************* . No se rinde y me ha llamado al celular toda la noche. Ahora estoy desayunando con mi familia, y lo bueno de mi descubrimiento es que tengo una excusa para no ver a ese imbécil. —¿No contestas? —preguntó papá, levantando la mirada de su taza de café. —Es el imbécil de Nate —respondí, rodando los ojos. —¿Qué es ese vocabulario, Aisa? —me regañó mi padre, frunciendo el ceño. —Ese imbécil me pidió que fuera su novia cuando ya tiene una —dije, irritada. —Es un patán, tío —intervino Derek, mi hermano, con desdén. —No voy a ser la otra, papá —afirmé, con determinación. —Obvio que no, hija. Ya encontrarás a un hombre que te merezca —dijo mi mamá, con u

