Capitulo 6

1591 Palabras
Al menos ahora sabía dónde estaba. En el club. No había salido de él, sólo subido una planta, una exclusiva para ellos, en la que estaba de okupa... Por ahora no tenía ganas de salir. Dejó el chaquetón de nuevo en el sofá y fue hasta la cocina. Y menuda cocina. Había una larga barra con seis taburetes de acero con cojines negros. La encimera era de color verde oscuro, el mismo que las puertas de los muebles. Axel estaba frente a la vitrocerámica pendiente de una sartén con el mango en una mano y la paleta en la otra. Junto a él había una fuente con masa. —Normalmente pongo cuatro sartenes a la vez para ir haciendo tortitas para los cinco, pero como no se despiertan me estoy tomando las cosas con calma —explicó moviendo la tortita. —¿Vivís todos aquí? —Sí. Es más fácil y menos cansado. Terminamos sobre las cuatro o las cinco y sólo hay que subir una escalera para llegar a la habitación y derrumbarnos en la cama. —¿Qué hora es? —preguntó. Si se acostaban a esas horas, ¿cómo podía estar despierto él? —Las diez de la mañana. Los demás se levantan a las doce pero yo soy madrugador. Ahora, no me molestes después del almuerzo hasta las ocho por lo menos —replicó él—. ¿Tienes hambre? El estómago de Ex protestó en respuesta, haciéndola enrojecer. Se rodeó la cintura con las manos y agachó la cabeza deseando que no la hubiera oído. —Siéntate, Ex. Será mejor que desayunes tú antes que la panda de cometortitas. Eso la hizo reír. Avanzó hasta los taburetes y se subió a uno de ellos, quedando casi a la altura de él. —¿Vas a decirme tu nombre? —Ex —respondió directa. Axel sonrió, un poco apenado. —Tarde o temprano te sacaré ese nombre, gatita —protestó colocando un plato con una tortita enorme—. ¿Nata, chocolate o azúcar? —Chocolate. —Llevaba días sin tomar esa tentación negra y no iba a despreciarla ahora. Los ojos de él se entrecerraron, oscurecidos, dando la vuelta para agarrar un cuenco con chocolate fundido. —¿Te ocupas tú de la comida? —Depende del día. De los desayunos sí, porque ninguno de los otros atinaría con el sueño encima. Lo hemos probado... —contestó, resignado a tener que preparar el desayuno siempre—. Pero las comidas y las cenas nos las repartimos. Hoy les toca a los gemelos. ¿Por qué? ¿Tienes alguna petición? —¡No! Yo... La cena en el club estaba buena. —Ithan es un buen cocinero cuando no está quejándose por el desorden de las cosas —convino él. Echó sobre la tortita una buena cantidad de chocolate y le pasó a Ex unos cubiertos, pero ella empezó a enrollarla y se acercó al plato para darle un mordisco. El chocolate y la tortita le hicieron la boca agua. —¿El club es de los cinco? —preguntó después de tragarse el bocado. Axel se acercó a ella, le rozó con suavidad la comisura del labio y arrastró con su dedo un poco de chocolate. Lo chupó sin apartar la mirada de ella mordiendo un poco la yema, como si quisiera incitarla a algo más. —Sí. Compartimos gastos, beneficios y mujeres —contestó con una sonrisa ladina. Al contemplarlo, Ex deseó meterse debajo de la barra—. ¿Nunca habías entrado en un club como éste? —Es... Es la primera vez que conozco uno así. ¿Qué se supone que hacéis ahí? —Acompañar. A veces las mujeres se sienten solas y necesitan ser escuchadas, ¿no? Nosotros les ofrecemos eso, un poco de diversión, toqueteo y lo que quieran, salvo sexo. Ex se atragantó con el pedazo que tenía en la boca. ¿No había sexo? ¿Después de cómo los trataban todas y las insinuaciones? Axel le pasó un vaso con agua pero lo rechazó, intentando recuperarse por sí sola. —¿Ha sido lo de la diversión, el toqueteo o el sexo? —inquirió él reprimiendo la risa. —El sexo. —Ex lo miró. Se le acababa de escapar, no pretendía responderle de forma tan franca. ¿Por qué no la ponía nerviosa? —Son clientas y las respetamos, como ellas lo hacen con nosotros. Saben que pueden tocar, tenernos unas horas, pero nunca conseguirán meternos en sus camas. De lo contrario, todas querrían lo mismo y, sinceramente, aunque seamos sexualmente activos, mezclar los negocios y el placer nunca trae buenos resultados. Quizá tenía razón en eso. Las chicas estarían celosas de aquellas que consiguieran sexo, y acabarían cotilleando y peleando por saber quién de ellas lograba una segunda ronda o era mejor que la otra. —¿Quieres otra? Ex lo miró con las cejas arqueadas, sin entenderlo. Él señaló hacia abajo y miró su plato vacío con los restos del chocolate. —No, gracias. Y gracias por dejarme quedar aquí. Siento haberme dormido. —No pasa nada, gatita —restó importancia Axel apartando el plato—. Para nosotros ha sido un placer, no se ve una mujer como tú por aquí. ¿Estás muy lejos de tu casa? Ex resopló... Si alguien se dignara a decirle dónde era «aquí»... —¿Dónde estoy? —optó por preguntar finalmente. Axel se volvió hacia ella con las manos mojadas de lavar el plato. —¿Te has perdido? —No sé dónde estoy. Llegué aquí de noche. Frunció el ceño. —¿De qué huyes? Un pellizco en su vientre la hizo querer salir de allí. Era un tema demasiado puntilloso y no quería hablar de ello en ese momento. Además, debía irse. Los había molestado quedándose dormida en el club y ahora había comido sin tener nada que darles a cambio. —De nada. Lo siento, no tengo dinero para pagaros por las molestias pero si hay algo que pueda hacer... —dijo levantándose del taburete y retrocediendo hacia la salida. Unos brazos la agarraron por los hombros rodeándola por completo, su espalda quedó apoyada en un torso musculoso y duro. —Hola, diosa... Éste es el mejor despertar... —susurró uno de los gemelos escondiendo su cara en el pelo para respirar su esencia. Un estremecimiento la recorrió por completo al notar los labios de él sobre su coronilla. Podía sentir el peso sobre ella, como si quisiera engullirla. —Euen, espabila, pesas demasiado para ella, tío —regañó Axel. —Y estás en medio... —puntualizó otra voz—. ¡Axel, tengo hambre! —gritó. Liberada del cuerpo de Euen, Ex se apartó de la puerta para verlo entrar seguido de Owen, ambos sólo con los pantalones de pijama puestos. Estaban aún soñolientos pero, de haber estado bien, se hubieran fijado en la cara embobada de ella siguiendo el contorno de sus cuerpos, buscando entre ellos las diferencias que no eran visibles en sus caras. —¿Has desayunado, gatita? —le preguntó otra voz más. Ex se giró hacia ella y encontró a Ithan, también en pijama pero, al contrario que los otros, con la camisa, desabrochada, cubriendo parte de su pecho. —Sí —sonrió ante su sonrisa. A pesar de estar recién despierto, tenía una sonrisa para ella. —¡No es justo! —se quejó Owen—. Yo quería desayunar con ella. —Haberte levantado antes —puntualizó Axel—. La he tenido para mí solito. —Si hubiera dormido en mi cuarto no habría despertado, eso seguro —lanzó Euen guiñándole el ojo a Ex—. ¿Se ha portado bien contigo Uriel? —Sí, él... Me ha dejado su cama. Ha dormido en una silla... Creo. Los cuatro se echaron a reír, seguramente pensando en cómo un tipo de su envergadura dormiría en un asiento. —Se lo tiene merecido por decirte eso —murmuró Owen—. ¡¡Axel, comida!! —¡Que ya voy! —gritó éste controlando varias sartenes a la vez—. ¿Ves lo que decía? Cometortitas. Ex rio ante esa imagen. —Oye, no le habrás dicho nada raro de nosotros, ¿verdad? —intervino Ithan. —¿Yo? Si soy un santo... —Sí, uno con cara de lobo —masculló Owen—. No nos da de comer... —Toma... Axel le puso delante el plato con una tortita y el rostro del gemelo se iluminó. Era como un niño pequeño. —¿Quieres que llame a Jerôme? —preguntó Ithan aún a su lado. —¿A Jerôme? —Viniste con él, he supuesto que lo conocías. Negó con la cabeza. —Lo conocí anoche mismo nada más llegar a... ¡Cuernos! Axel no había respondido a su pregunta. —Ipileis —pronunció Axel—. La respuesta a dónde estás es Ipileis. ¿Adónde te diriges? Ipileis... No le sonaba en absoluto. Si era un pueblo, no sabía cuán lejos estaría de su ciudad, pero al menos se había alejado. Y ahora necesitaba dinero para comer. ¿Habría allí algún trabajo para ella? ¿Uno en el que por las noches le permitiera ir al club y verlos otra vez? —Busco trabajo —contestó en lugar de darle un rumbo, pues ni ella misma lo sabía—. Y un sitio donde quedarme. —Trabaja con nosotros —soltó Euen. —Y quédate aquí —añadió Owen, con la boca llena.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR