La tormenta se hacía cada vez más densa, los árboles se movían con tal fuerza que podrían derribar cualquier muro que estuviese cerca. A su paso, iba dejando solo ramas caídas y una gran desolación, el viento, soplaba con un poder infinito, por todo el lugar, lo que parecía un jardín, se hubo convertido, en cuestión de segundos o minutos, tal vez, en una batalla campal entre la naturaleza y su inminente ira. El Complejo de Firenever, estaba demostrando cuán molesto estaba, por todo lo que estaba pasando, desde que los excursionistas llegaron a la entrada, desde el primer momento en que hubo escuchado las opiniones y los sentimientos de los visitantes, desde el primer segundo en que sintió la vibración de los corazones de cada uno, y lo que, en él, aguardaban. La naturaleza, estaba exager

