El lugar donde se encontraban los manantiales de cristal, era un espacio mágico, repleto de cosas inimaginables, árboles blancos, como si estos, estuviesen hechos de nieve, con hojas traslúcidas y ramas frágiles, tanto que, cualquier viento fuerte podría romperlas, o al menos, agrietarlas, la grama, era gris, un color neutro, sin mucha luz, pero igual era mágica, como todo lo que se encontraba alrededor, los animales que vivían en ese lado de la montaña, eran iguales a los que ya conocemos, lo único que los diferenciaban de estos, eran sus colores, que eran de luz neón, otros fluorescentes y otros, mucho menos convencionales aún, pues, tenían características humanas, es decir, ardillas con rostros de personas, serpientes con pies de niños, osos con manos, entre otros. Estas características

