ANYA Miro por el rabillo del ojo hacia la puerta, apenas logro ver como el suelo y todo el paisaje verde va quedando lejos. El helicóptero asciende y se aleja de la mansión, y comienza a moverse en el cielo. Me mantengo callada, así como él lo ordeno. Ni siquiera me quejo otra vez, no quiero terminar golpeada e inconsciente, y no lograr saber a dónde me llevan. Los hombres a mis costados parecen estatuas, sé que están muy bien entrenados y que, si yo intento algo, estos actuaran de inmediato incluso antes de que yo pestañee. No dudo que si Serguei les pide que me golpeen o me hagan algún otro daño, lo harán, porque solo obedecen sus malditas órdenes. Mi respiración se vuelve superficial. Como si mi cuerpo estuviera empezando a entrar en modo de supervivencia. Él no me ha golpeado aún,
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


