Killian En cuanto Emily desaparece por el pasillo para cambiarse, por fin dejo escapar el gruñido que he estado conteniendo. "¿No pudieron callarse ni un solo día?", espeto, dando un puñetazo en la encimera tan fuerte que hace vibrar las tazas de café que Damien dejó. Ethan sonríe con una fresa que robó del bol de la encimera. "Tranquilo, marine. Actúas como si le hubiéramos contado lo de la vez que te emborrachaste en Kabul y…" "Termina esa frase", le advierto, apoyando mi Ka-Bar en la mesa, entre nosotros, "y comerás con pajita durante los próximos seis meses". Damien exhala como un padre cansado con hijos revoltosos, pellizcándose el puente de la nariz. "Ustedes dos nunca cambian. Dios mío. Maduren". Yo también lo miro con enojo, porque no se libra. No creas que no vi tu cara cua

