STEVE —¡No hasta que se den al menos un besito! —su grito queda ahogado por la gruesa puerta de madera y creo que voy a hiperventilar. ¡Maldita sea! No puedo, no puedo, no puedo. j***r, má tenía razón. Soy un cobarde. No puedo hacer esto, ni siquiera me he dado la vuelta para enfrentarlo y ya siento que vomitaré. Voy a matar al peque tan pronto salga de aquí, así tenga que sufrir con las consecuencias de mi cabreado cielito y quizá no vuelva a ver la luz del día. Ni siquiera cuando el bastardo de Arthur me disparó estuve tan asustado como lo estoy ahora. Quiero decir, por supuesto que tuve miedo. Era mi vida la que estaba colgando de un hilo, pero la pesada presencia de Sam a mi espalda es como si me asfixiara. ¿Debería simplemente besarlo de una jodida vez? Pero, ¿y si patea mi mise

