Capítulo treinta El piloto inclinó a la izquierda su avioneta ‘Twin-Beech’, mientras descendía a mil quinientos pies sobre la selva amazónica y se alineaba en un rumbo de 88 grados. Pulsó el botón del micrófono dos veces, pero no habló por el instrumento. Al instante vio ante él, a aproximadamente una milla y media de distancia, la selva tropical que comenzaba a separarse. Árboles y matorrales plantados en enormes contenedores de madera estaban colocados en varias plataformas automatizadas. El movimiento mecánico comenzaba en el extremo más cercano a la aeronave, por lo que parecía como si una mano gigante e invisible bajara una cremallera y el bosque se separara para descubrir la franja de concreto de tres mil pies. El piloto se alineó en la pista y continuó su descenso, a pesar de que

