La ira de Toya creció cuando su hermano tocó lo que era suyo. Kyoko es mía y tú lo sabes. En todo Toya, las hojas y las ramas comenzaron el remolino como si vinieran a la vida... alimentándose de su ira. Deja de tocarla. Toya gritó: -¡Déjala sola! Kyou sintió la necesidad de hacerle el amor crecer dentro de él, para aliviar su dolor como lo había hecho hace sólo unas horas. Quería borrar la marca de Toya de ella y ahora era el momento, pero tenía que estar dentro de ella mientras usaba el poder que tomaría. Esta vez no necesitaría ninguna barrera para ocultar la memoria interior. En algún lugar podía oír susurros y gritos diciéndole que se detuviera, para escuchar la voz tratando de alcanzarlo. Su atención volvió a Kyoko. Ella no tendría recuerdos de Toya... no hay razón para resentirle

