"Kyoko," Su voz no traicionó ninguna de su confusión, rabia, o daño que se aferraban a él. Volvió su intensa mirada hacia su rostro, inclinando su cabeza hacia ella. Él alisó su pulgar a lo largo de su pómulo ligeramente. "Estás vivo." Él dijo suavemente en su oído mientras él volvía su mirada hacia adelante y miraba a través de la oscuridad vacía encerrándolos dentro de las paredes del santuario. Kyou sabía que éste era el camino que recorría el tiempo entre sus mundos, pero no podía sentir nada, sólo el silencio y la quietud de la estatua de soltera. No era más que una tumba. Su hermano no estaba aquí, ni los demonios que habían desaparecido del pasado. Él la acunó suavemente mientras sus translúcidas alas doradas se extendían detrás de él. La levantó de la tierra fría con un golpe pod

