Duncan iba saliendo a de su mansión a pasos agigantados hacia el auto para trasladarse a una de sus empresas, cuando fue abordado por uno de sus servidores, Mathew. —Señor Schmitt, buenos días. —Demoraste, te estuve esperando por más de una hora y ¡ahora es que te apareces! —Exclamó irritado, últimamente su humor estaba peor que nunca. —Me tardé un poco más para dejar todo en orden. —El hombre estaba nervioso. —¿Al menos hiciste bien el trabajo? —Preguntó severo. —Si, señor. Quedó todo como lo ordenó. —Perfecto. Voy a necesitar que hagan lo mismo con Meyer. —¿Cuándo? —Lo antes posible. —Mathew se mostró dudoso. —Esta mañana salió de viaje, con... —Él tragó fuerte y calló. Duncan giró su rostro hacia él, se quitó con brusquedad los lentes de sol y clavó sus ojos de bestia e

