Asunto: se me lengua la traba ―¡Maureen! ¡Maureen! Gritos desesperados, insistentes, demandantes, salen de la boca de todos. O de la gran mayoría. Mientras caminan de un lugar a otro, abriendo puertas y ventanas, revisando habitación por habitación, no puedo dejar de pensar en lo absurdo de su comportamiento. ¿Por qué gritan llamando a Maureen? Bien podríamos reunirnos todos en algún lugar y hablarle indirectamente, pienso. Veo cómo Eva, que es la más consternada, se deja caer de rodillas en el centro del boulevard. A pesar de la oscuridad que nos rodea, en la que el sol ni siquiera se ve por encima de los muros, puedo ver sus gestos apesadumbrados. ―¿Dónde estás, Ale? ―susurra mirando al suelo en busca de respuestas. Su gesto abatido, lleno de tristeza, me provoca cierta pena. No soy

