Capítulo 38:

1505 Palabras

—¿Fuiste tu?—susurró Danika con un hilo de voz, mientras su mirada azul como el hielo escudriñaba el rostro del hermoso hombre a su lado. Alexander abrió y cerró la boca reiteradas veces, como si intentase encontrar las palabras precisas para salir de aquel aprieto. Sin embargo, no existía ninguna mentira o excusa capaz de salvarlo. —Estabas gritando demasiado, podrías haber llamado la atención de alguien—dijo el príncipe de hielo, intentando aferrarse con desesperación a una vaga excusa. Pero la verdad detrás de lo que había hecho era otra; desde hacía un tiempo, un creciente deseo por besar a la mujer había comenzado a habitar en su interior, creciendo cada día más y más con el correr del tiempo. Llegando a atormentarlo por sentir tan feroz deseo, uno que había luchado por acallar de

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