La bella mujer de mirada azul como el hielo y cabello tan oscuro como una noche sin estrellas, avanzó por el estrecho pasillo maloliente, mientras se preparaba mentalmente para enfrentarse a los tres hermanos, encerrados dentro de la habitación. Por dentro, ella suplicaba a cualquier deidad que se apiadara de ella y que ninguno de los tres estuviera muerto, ya que Estanislao jamás le perdonaría el hecho de que sus tres herederos fallecieron por su culpa. Estanislao. El mero recuerdo del nombre de aquel hombre, hizo que el cuerpo de la bella dama temblara levemente, mientras su corazón se aceleraba de forma considerable. Hacía ya varios días que ella no sabía nada de él, ni aquel hombre sabía nada de ella, y lo más probable era que al día siguiente se volvieran a reencontrar. Muy a su p

