Capítulo 30. Dos gotas de agua.

1157 Palabras

—Tranquilo, ya estoy bien. Me acostumbré a vivir con éste dolor y debo seguir adelante por mis hijos, si ellos no estuvieran, te juro me hubiese dejado vencer. Salió caminando hasta que sintió una mano que lo retenía al voltearse era Antonia quien le dijo: —No se vaya, ¡Por favor! Quiero que me cuente de Anabella. Deme a los niños y los subiré a la habitación con Sophía Ya los niños se había quedado totalmente dormidos del agotamiento que habían sufrido de tanto llorar. Antonia tomó a Taddeo y Sophía a Camillo y subieron a la habitación. Mientras subían Antonia pudo percibir el olor del niño, le resultó agradable y familiar, con un tenue olor a lavanda y sintió como su corazón florecía tuvo una extraña sensación que la asustó —Sophí, ¿Por qué me parezco a esa tal Anabella? ¿Por qué el ol

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