Pidieron los helados y como esa era la heladería donde venían a comer regularmente, les sirvieron un plato de pepinillos que él empezó a saborear y cerrando los ojos dijo en voz ronca. —Guao, después de hacer el amor contigo, comer helado de fresa con pepinillo es lo mejor del mundo. —Es horrible ese antojo que tienes—expresó con una mueca de asco—. Pero no me distraigas de lo que quiero saber. No vas hacerte el desentendido. Vamos Sebastián cuéntame, estoy esperando. Sebastián suspiró profundo y empezó a hablar. —¿Qué quieres que te diga Anabella?, es cierto, fui un patán contigo, un día antes de que cumplieras tus dieciocho años, llegué a la casa de Palermo con unos amigos y amigas, incluyendo a mi amante de turno, te invité a bañarte en la piscina y a jugar vóleibol, pero lo hice pr

