—No estoy nerviosa, estoy ansiosa. No tengo nada que temer —expresó con confianza Anabella. Llegó la hora, bajó al jardín donde hermosas sillas y mesas decoradas en blanco y colores cálidos, armonizaban con el paisaje, su padre caminó a su lado mientras esperaban al inicio de la alfombra de pétalos blancos creada para embellecer la ocasión, su niña Gálata esperaba intranquila junto con el sobrino de Sophía, quienes eran los encargados de llevar los anillos, se sonrió, la vida se había encargado que no fuese ninguno de los gemelos quienes lo hicieran, disputa resuelta. Se recordó claramente la discusión que habían tenido en la clínica por quien llevaría los anillos y resultó llevarlos la más pequeña de los Ferrari. Recordó las caras de sus hijos cuando se enteraron de su reconciliación,

