—¿Qué fue todo eso del café detective? ¿Usted cree que el café lo cosechan en ese pueblo misterioso? ¿Por qué es un hecho que es el mismo café del que usted habla en su relato verdad? Y si es así, entonces… —Entonces tienes razón, Daniel Rivera sabía muy bien cómo deshacerse de su hija, sin hacerle daño. ¡Vámonos! Tenemos que ir a Catemaco, faltan dos horas para la media noche, nos detendremos sobre la carretera para ver si podemos encontrar la entrada al pueblo. —¿No le da miedo volver a entrar en ese lugar, y que luego no pueda salir? —¿Tienes miedo? Si quieres te puedes quedar en el auto. No te niego que sí, sentí miedo y mucho, pero cada vez me convenzo más, que a lo que debemos temer, es a la maldad de los seres vivos, los fantasmas, porque ahora sé que sí existen los fantasmas, s

