Respiró profundo el aire frío de la noche, se asomó hacia la calle y parecía que la niebla solo cubría el parque, Daniela tenía razón, por alguna causa, el fenómeno natural no llegaba hasta esa altura. Regresó a su habitación, aún conservaba el diario de Nancy, se sentó sobre la cama decidido a leer. Le apenaba un poco inmiscuirse en las intimidades de la mujer, pero si quería descifrar el misterio del pueblo y más aún, salvar a Daniela de lo que parecía ser una muerte en vida, tenía que hacerlo. Abrió la primera página decidido a leer, pero no pudo hacerlo, un profundo sueño se apoderó de él y cuando abrió los ojos fue porque el timbre del teléfono sonaba para avisarle que el desayuno estaba listo. El diario seguía ahí, sobre la cama, lo escondió entre sus ropas para que nadie lo viera

