—¿Sahara? —pronunció Kaleb confundido de verla allí. La joven esbozó una sonrisa mostrando toda su perfecta dentadura. —Hola —musitó arrastrado la última palabra, mientras atrapaba su labio inferior entre sus dientes con evidente nerviosismo. —Cariño, dijiste que no venías, de hecho ya terminamos de almorzar e iba de regreso a la empresa —explicó Ainsworth señalando hacia la mesa donde aún se encontraba los dos hombres mayores y la rubia—. ¿Por qué viniste? —Eh yo... bueno iba pasando por aquí y se me apeteció una exquisita comida, así que, ¿Por qué no venir al mejor restaurante? —soltó una risita nerviosa. Kaleb estrechó los ojos hacia ella, no le creía aquel cuento, detrás de todo había una razón por la que estaba allí. Abrió la boca dispuesto a saber el verdadero motivo de cruzarse

