Primicia Internacional y el Síncope de los Moretti Los ocho días de espera en Montevideo se sentían como una condena a cadena perpetua para Dante. El apartamento del piso 12 estaba sumido en un silencio fúnebre, interrumpido solo por los suspiros de Dante y el ruido de Luca comiendo bizcochos frente al televisor. Dante, con el chichón del aeropuerto ya en una tonalidad amarillenta y las curitas de ositos aún pegadas, caminaba en círculos por el living. —Ocho días, Luca. ¡Ocho! Para cuando lleguemos, Elena ya se habrá olvidado de mi apellido —se lamentaba Dante, mirando el reloj cada cinco minutos. —Sentate y callate, Dante. Poné el informativo, que quiero ver el pronóstico del tiempo para cuando nos toque viajar —dijo Luca, sintonizando el noticiero central de Uruguay. El Flash Inform

