CAPÍTULO 27

814 Palabras

Desinfección, Risas y Curitas de Colores Dante seguía en el suelo, rodeado de gardenias decapitadas y con el rostro ardiendo. La gata siamesa ya se había ido, pero el daño estaba hecho: tres líneas rojas cruzaban su mejilla izquierda y un arañazo especialmente rebelde decoraba su frente. Luca, aunque todavía tenía espasmos de risa, se dio cuenta de que su hermano necesitaba ayuda antes de que se desangrara (o de que se muriera de vergüenza). —Dale, "Don Gato", arriba —dijo Luca, ofreciéndole la mano mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos—. Vamos a entrar antes de que baje la vieja del 10 y te pida que adoptes a los cachorros. Elena, que observaba desde el marco de la puerta con una mezcla de burla y una extraña ternura que no podía evitar, suspiró y golpeó el suelo con su bastón.

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