Almendra apretó la mano de Bastián con miedo y pujó con fuerza hasta que sintió salir a su bebé. ―Uno más y estamos listas, no pares ―le indicó con premura la partera. El llanto de la pequeña tranquilizó a los padres y los profesionales se dispusieron a preparar todo para la nueva bebé que llegó al mundo. ―Mira, es hermosa ―le dijo la matrona y se la colocó sobre el pecho. La niña comenzó a mamar ávida. ―Es igual a ti ―le dijo Bastián. ―Menos mal, después de todo el esfuerzo, no sería justo que se pareciera a ti ―replicó ella. ―Te amo, fuiste muy valiente. ―Yo también te amo. ¿Ves que yo soy más fuerte que tú? Esto no lo habrías podido hacer tú. ―Para serte franco, no. A punto estuve de desmayarme al verte, así que dudo mucho que hubiese sido capaz de estar en tu lugar.
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