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1126 Palabras
La casa estaba en completo silencio, el fin de semana ya había llegado y la icon lo que estaba ocurriendo con Sylas y Kayn. Lamentablemente estaban atormentando su mente ambas personalidades masculinas y seguramente ni siquiera sabían eso. Decidió que sería mejor tomar sus cosas y dar una vuelta por el centro para despejar su mente. Fue directo al baño para tomar una ducha cuando miró en su pequeña mesa de noche las cremas y productos con aroma a fresas frescas. Por un momento recordó lo que Sylas le había dicho, que le gustaba mucho su aroma, pero por otro lado recordó que Kayn había mencionado que el aroma a canela natural de su cuerpo le encantaba. No lo pensó dos veces y botó los frascos de crema que tenía sobre su mesa. No estaba segura de quién tenía la razón, pero la verdad confiaba bastante más en el mayor de los hermanos que en el del medio. Ya lista para salir, cerró la puerta de su habitación y caminó escaleras abajo. Ahí vio cómo Doran sonreía mientras jugaba junto a Raiven un juego de mesa. Con la mirada le dio a entender a la chica que le preguntaba a dónde se dirigía y si quería que él fuera el encargado de llevarla, sin embargo la muchacha le dio a entender que no era necesario. Necesitaba despejar la mente, y caminar entre tanta nieve, ver más luces navideñas y los muñecos de nieve frente a los locales y casas no le servían en absoluto para poder dejar de pensar en aquellos hombres. No pasó mucho tiempo cuando Magnolia llegó a la ciudad. Entró a una cafetería para poder pedir un chocolate caliente cuando miró a lo lejos a una mujer similar a la Sitka gruñona y estrafalaria. Una sensación de desagrado le inundó el corazón, pero fue peor cuando vio que Sylas entraba a la cafetería y se acercaba a aquella peligrosamente para darle un gran beso en sus labios inyectados. Agradecía profundamente que el aroma a café fuera tan fuerte que ambos licántropos no podían percibir su aroma. Lamentablemente no podía escuchar nada de lo que decían, pero cualquiera que los viera de lejos podría afirmar que ellos eran pareja. Seguramente eso no le gustaría en absoluto a Diana, pero no era momento de decirle, eso no le incumbía en absolutamente nada. Lo más curioso de todo es que ni siquiera sentía algo al ver a su pareja besar a otra chica. Fue ahí cuando se dio cuenta de que su corazón le pertenecía a Kayn, pero no sabía si era mutuo, al menos no haría nada al respecto. Se percató de que la pareja comenzó a caminar en dirección a ella, así que rápidamente se cubrió el rostro con su abrigo de lana y miró en otra dirección. Fue ahí cuando por primera vez pudo escuchar algo de lo que estaban hablando. —Aún no entiendo por qué le hiciste eso— comentó Sylas mientras caminaba y abrazaba a la chica por sobre el hombro. —Tarde o temprano pasaría, daba igual si era antes o después, incluso era mejor que ocurriera esa noche, así estábamos juntos antes— comentó la voz irritante de la mujer. Pasaron de ella sin percatarse de quién era en realidad. Pero, ¿qué era lo que había hecho la mujer? Por un momento pensó en algún tipo de plan que Sylas tenía contra la familia Collin, pero no podía ser así, ¿cómo alguien podría ser capaz de traicionar a su propia familia? No conocía muy bien a Sylas y no sabía si sería capaz de eso, pero entendía que muchas veces las familias no son felices, lamentablemente uno no puede escoger a su familia. Recogió su chocolate caliente con ambas manos y se retiró del lugar. Caminó en dirección a otra tienda y observó por la vitrina que vendían cremas y cosas de cuidado personal. Ahora que los productos que Camille le había recomendado no los usaría más, creía que sería una buena opción poder cambiar aquellas cosas. No lo pensó mucho, así que simplemente entró para ver qué era lo que podía comprar. Miró por los pasillos y encontró un pack de productos con aroma neutro, digamos que cambiaban según el pH de la persona, así que simplemente tomó esos y fue directo a caja. Había venido solamente a despejar su mente, pero la chica Sitka y Sylas estaban ocultando algo, y lo peor es que no sabía si la familia del chico estaba enterada. Esperaba que sí. ¿Pero cómo no se enteraban de que Sylas se juntaba con una Sitka? Supuestamente los lobos podían olfatear el aroma de las demás personas. La intriga no pudo con ella, así que rápidamente se dispuso a buscar a la pareja para poder espiar lo que quedaba de su cita. Solo esperaba que el aroma a café hubiese quedado impregnado en su ropa y así Sylas no pudiera olfatear su aroma, ya que supuestamente debería estar familiarizado con eso y sabría enseguida que estaba por ahí cerca. Le tomó un par de minutos encontrar a la joven pareja, pero cuando los vio, ambos rozaban sus narices felizmente. Decidió disimular que caminaba por el parque como cualquier otra persona para poder escuchar todo lo que decían. —Sabes que ella está enamorada de tu hermano, eso es lo que dice el escrito— —Por esa razón estoy con ella, tal vez así no se cumpla— —¿Pero no la amas, verdad? Es decir, solo me amas a mí— —Obvio que sí, no podría estar con una humana ni aunque me costara la vida— —Pero su vida pronto se acabará— —Hablaremos de esto en otro momento— Magnolia quedó en blanco. ¿Acaso tenían planeado matarla? ¿Y sobre qué escrito estaban hablando? Sobre todo, le dolió la parte en donde decía que jamás estaría con ella. Por favor, no era la gran cosa, pero sí era mucho más linda que la chica Sitka, o al menos ella creía eso. Una llamada telefónica interrumpió su pensamiento y rápidamente salió corriendo de ahí. Raiven la estaba llamando desesperadamente. Sonrió y contestó al ver el nombre, y soltó una gran risa al saber que el pequeño simplemente le pedía que trajera malvaviscos para poder comer junto a un chocolate caliente. Magnolia colgó el celular y caminó en dirección al supermercado. Así que todo esto se estaba poniendo mucho más interesante de lo normal. Lo mejor de todo es que ahora sí se estaba sintiendo incluida y sabía que si llegaba a ocurrir alguna guerra, ella sería la primera en poder defenderse y defender a los demás. Ya no era solo una humana tonta.
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