Narra Harold Termino de abrocharme el traje azul marino mientras espero que llegue. Finalmente, escucho que un auto se detiene afuera y veo a mi conductor salir del auto. Camino hacia la puerta y la abro a tiempo para que Mariana salga del vehículo. Santa mierda. Ella luce impresionante. Lleva un vestido rojo que abraza sus curvas en todos los lugares correctos. Su cabello oscuro está recogido en un moño bajo y sus ojos azul helado contrastan con el rojo, atrayéndome. No puedo quitar mis ojos de ella. Respira hondo y mira a su alrededor. —¿Dónde estamos? —No estoy seguro de que quieras saberlo— sonrío mientras mi corazón se acelera con anticipación. Con un brazo, le hago un gesto hacia el camino iluminado por luces tenues que conduce a mi yate. —¿Qué es esto?—ella parece atónita

