Narra Mariana —Soy Harold. De nuevo. Sentada en mi pequeño departamento, trato de ahogar el sonido de mi teléfono zumbando incesantemente sobre la mesa de café. No puedo enfrentarlo, no ahora. Mi corazón late en mi pecho con cada vibración. Finalmente, el zumbido cesa y la habitación queda en silencio. Lo único que puedo oír es el maldito reloj haciendo tictac en la pared. Doy un suspiro de alivio. Pero entonces se rompe el silencio. Una nueva notificación. Esta vez es un mensaje de voz. Mi corazón se hunde. Levanto el teléfono y dudo un momento antes de darle al play. —Mariana...–su voz inunda la habitación, más áspera de lo que jamás haya escuchado. Hay una pausa y luego una respiración temblorosa—.Mariana, ¿por qué diablos no me lo dijiste?–su voz se quiebra, la ira y la desesper

