Narra Harold Me detengo frente al departamento de Mariana mientras ella sale por la entrada, con el cabello revuelto por el viento. Ha estado apurada. En cierto modo le lancé una bola curva con este viaje, así que no es sorprendente. —¿Lista para un poco de sol y mar?— salgo para ayudar a poner sus maletas en la camioneta negra. Se ve impresionante allí parada, con su pequeña maleta a su lado. —Sólo si prometes aplicarme protector solar. Me río, sacudiendo la cabeza ante su descaro. –Ese no es un mal negocio— le abro la puerta del auto—.Déjame meter tu equipaje —alcanzo su maleta. Cierro el maletero antes de volver a entrar. El viaje hasta el puerto deportivo es tranquilo pero cómodo. Mariana está perdida en sus pensamientos y no puedo evitar mirarla cuando no está mirando. —Enton

